Jorge Riechmann
Poeta y Presidente de CIMA

Se trata de una obviedad, pero hay que recordarla una y otra vez: la economía no puede crecer indefinidamente dentro de una biosfera finita. La expansión humana nos ha conducido ya a una situación de "mundo lleno", de saturación ecológico-social, y ahora todo ha de cambiar (so pena de colapso civilizatorio).

En el plano individual, psicólogos y psicoanalistas saben que no maduramos –no dejamos la adolescencia para transformarnos en adultos— sin momentos de paso, iniciaciones que nos ponen a prueba, encuentros con el límite, aprendizaje de que hay que pagar lo que cuestan las cosas (lo que cuesta la vida). En el plano social, estos proyectos fáusticos o prometeicos que intentan seguir siempre adelante rechazando todos los límites, y negándose a pagar el precio, ¿no equivalen a una voluntad de puerilización permanente de la sociedad entera?

"Perfeccionar el arte de vivir" en vez de "estar absorbidos por la preocupación constante por el arte de progresar" (vale decir, de crecer económicamente), recomendaba John Stuart Mill ya en 1848. ¿Le haremos caso alguna vez?

 
 
 
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